Quién sabe si se trata de un arquetipo encarnado en historias que se transmiten entre generaciones o si es una especie de memoria genética que remite a un pasado común, a un acontecimiento real perdido en la antigüedad más ignota, pero las historias de un diluvio universal atraviesan la mayor parte de las culturas de nuestro planeta. Como esa historia azteca del Cuarto Sol, con un diluvio de cincuenta y dos años que acabó con la humanidad en una era anterior. O el relato mesopotámico del Gilgamesh que cuenta una historia, a su vez, similar al conocido relato de Noé.
Quizá esas leyendas simplemente magnificaban el espanto y la impotencia ante inundaciones locales que, en su momento, se antojaron el fin del mundo. Y puede que alguna de ellas fuera similar a la que se registró en el año 1997 en EE. UU. y Canadá, una riada como no se había visto desde principios del siglo XIX que asoló la comarca de Minnesota y Dakota del Norte, llegando hasta Winnipeg.
El río Rojo se desbordó, tal como ha hecho en repetidas ocasiones a lo largo de la historia, y sus aguas alcanzaron ciudades como Fargo y Grand Forks, con la evacuación de 50.000 personas y pérdidas millonarias. Los habitantes de la ribera del río Rojo se prometieron que esas escenas no volverían a repetirse jamás y fue entonces cuando se sembró la semilla de un proyecto que, treinta años después, contribuirá a prevenir estas inundaciones. Y lo hará tomando lo mejor de la naturaleza para guiar sus aguas antes de que se desborden y causen mayores daños.
Hablamos del canal de prevención contra inundaciones Fargo-Moorhead. Una infraestructura levantada con la propia tierra de la región y afianzada por la vegetación autóctona. Te contamos todo sobre esta infraestructura verde que ACCIONA ha ayudado a convertir en realidad y que ejemplifica la convivencia del ser humano con el entorno.
Una de las pocas medidas que pudieron adoptarse frente a aquella inundación de 1997 fueron las hileras de sacos de arena levantadas por miles de voluntarios. Ese esfuerzo colectivo logró mitigar el impacto de la catástrofe, pero fue a todas luces insuficiente, con unas pérdidas estimadas en 3.500 millones de dólares, el equivalente a 6.400 millones en la actualidad, en las comarcas de Grand Forks, Dakota del Norte, East Grand Forks y Minnesota. En ese momento las autoridades decidieron llevar a cabo un estudio de viabilidad que evitase una tragedia similar o peor si cabe, ya que ocho de las diez peores inundaciones de las que se tiene memoria han tenido lugar desde 1989.
Y entonces comenzó a dibujarse la posibilidad de una ambiciosa infraestructura para la región. Años después, en 2009, Fargo, en Dakota del Norte y Moorehead, en Minnesota, asistieron a otra inundación del Río Rojo con una subida de diez metros que puso las medidas de protección al límite. Hicieron falta siete millones de sacos de arena, con más de un centenar de kilómetros de barreras, para salvaguardar la ciudad de Fargo. La infraestructura planteada una década atrás se hizo perentoria.
El proyecto que se ideó para proteger a la comunidad incluiría un canal de 48 kilómetros de longitud, pero sin recurrir al hormigón para su construcción. En lugar de este material se pensó en un movimiento masivo de tierras en la llanura junto al río Rojo que sirve de punto de encuentro de Minnesota y Dakota del Norte. Para ello se contaría con la colaboración de empresas y del cuerpo de ingenieros del Ejército de EE. UU. Esas tierras, a modo de valle construido por manos humanas, formarán un muro de contención y un talud de tierra a cada lado del futuro canal.
Por allí discurriría el agua en caso de crecidas del río Rojo y sus afluentes sin riesgos para los hogares y las infraestructuras. La magnitud del proyecto era tal, y la movilización de recursos humanos y técnicos tan ambiciosa, que hizo falta un consorcio de tres empresas participado por ACCIONA, bajo el nombre de Red River Valley Alliance (RRVA) para canalizar los 3.200 millones de dólares de inversión, de los cuales 1.500 se dedicaron a la construcción del canal. Los trabajos comenzaron en 2022 y se espera que esté completado en 2026.
El diseño final del canal de desviación de inundaciones Fargo-Moorhead incorpora una serie de afluentes y arroyos secundarios cuya agua entrará en el canal en caso de crecidas. Además, al tratarse de una obra kilométrica, requiere un gran número de puentes e intersecciones para no generar barreras a los habitantes de la zona. Por el canal pasarán diecinueve carreteras interestatales, vías ferroviarias y carreteras secundarias mientras su cauce recoge el agua de las riadas. Aparte de esas estructuras de tránsito también incorpora acometidas y la conexión de desagüe en el punto bajo del canal.
El uso del término “infraestructura verde” es a la vez metafórico y literal. El canal de desviación de inundaciones Fargo-Moorhead será verde en términos conceptuales porque se apoyará en materiales naturales como la tierra excavada, lo que evitará las emisiones de carbono asociadas al hormigón, y se integrará en el paisaje casi como un accidente orográfico. Además, el uso de acueductos con agua calentada para evitar la congelación garantizará el tránsito seguro de los peces por el río incluso en el más crudo invierno.
Y lo será también en un sentido literal porque en primavera la vegetación de los taludes laterales teñirá de verde sus orillas mientras el agua discurre por el fondo del nuevo cauce. Todo ello, a su vez, redundará en una mayor resiliencia de las comunidades locales ante los fenómenos meteorológicos extremos. Habrá un total de 260.000 beneficiados por este proyecto sostenible.
INFOGRAFÍA. Así se integra en el paisaje el canal Fargo-Moorhead.
Uno de los aspectos fundamentales del proyecto consiste en la recuperación de bosque y matorral autóctono dentro del canal y en los terraplenes adyacentes a lo largo de sus orillas. Esta vegetación cumplirá dos objetivos. Por un lado, afianzará los taludes de tierra con sus raíces y, por el otro, generará resistencia ante la fuerza del agua en caso de inundación.
A su vez, la presencia de vegetación y agua ya se han convertido en un verdadero imán para pájaros, ciervos y otras especies. En el tramo final del canal las aguas se mantienen durante todo el año, por lo que tampoco es raro presenciar peces y anfibios, y algún que otro pescador recreativo.
Los pescadores no serán los únicos visitantes. Con el paso del tiempo y el crecimiento de la vegetación, una zona que antaño era arrasada periódicamente pasará a convertirse en un espacio de ocio y un punto de encuentro de las comunidades cercanas.
No en vano se concibió desde sus orígenes como una infraestructura que beneficiase a la colectividad, y no solo por la prevención de catástrofes naturales, sino por el impacto positivo que dejara en las comunidades de la zona.
Además de la construcción del canal, la RRVA se encargará del mantenimiento de la infraestructura durante los próximos treinta años. Aunque se trata de una obra concebida para durar mucho más a medida que la vegetación vaya tomando arraigo y, lo que al inicio era infraestructura, se funda con el paisaje. Y puede que un día, una vez completada la obra titánica del canal de Fargo-Moorehead, la memoria de las inundaciones que asolaban la comarca se vaya perdiendo y quede ya como una vieja leyenda perdida en las brumas del pasado, contada de padres a hijos mientras pasean por la ribera de un canal reverdecido; un proyecto que marcó el comienzo de una nueva era de infraestructuras resilientes preparadas para afrontar los retos de un mundo en transformación.