Biomasa forestal: la energía renovable que sella una alianza con los montes

La planta de biomasa de Logrosán, en Cáceres, demuestra de forma palpable que existen soluciones para generar energía limpia, cuidar de los bosques, prevenir incendios y crear empleo en las zonas rurales.

A los ojos de un profano es una densa capa arbórea casi inexpugnable, un territorio virgen habitado por tribus aisladas apenas hollado por el hombre. Pero hace falta mirar con más atención, concretamente al suelo, para descubrir otra historia. Al escarbar en las zonas más remotas de la selva amazónica aparece una tierra extremadamente fértil, conocida como terra preta u oro negro, debido a su color. Con profundidades de hasta cuatro metros, es un sustrato que se extiende a través de miles de kilómetros cuadrados, donde crecen todo tipo de árboles frutales como la granadilla o la papaya.

 

Esa tierra lleva allí más de cinco mil años y tiene una peculiaridad: un examen meticuloso revela la presencia de conchas de moluscos, piezas de cerámica, huesos y carbón vegetal. Es decir, es de origen antrópico: una tierra fértil que posibilitó la agricultura de nuestros primeros antepasados.

Ese tipo de interacción positiva entre el ser humano, las actividades económicas y la naturaleza da lugar a ecosistemas agroforestales artificiales. Y es una práctica que se ha ido perdiendo con la aparición de la agricultura intensiva y el éxodo rural. Una de las consecuencias más recientes es la proliferación de incendios, ya que sin ganadería trashumante y otra fauna la maleza se extiende sin freno.

 

El secreto de un ecosistema sostenible reside en que beneficie a todos sus habitantes, tanto a la flora y la fauna como a los seres humanos, y en el uso de recursos renovables que garanticen su pervivencia.

Las energías solar y eólica son dos de los ejes cruciales en el avance hacia una economía renovable, pero si hay un tipo de energía que ejemplifica la comunión con el entorno y nos conecta con las prácticas de forestería ancestrales, es la biomasa forestal. 

 

Podemos observarlo en Logrosán, un pueblo cacereño donde ACCIONA Energía cuenta con una planta de biomasa que ha marcado la hoja de ruta para la recuperación y el cuidado de los bosques en los próximos años, a la vez que genera energía limpia y estable para abastecer a más de 73.000 personas.

 

Sigue leyendo para saber lo que la biomasa forestal puede hacer por nosotros y por el entorno.

El término “España vaciada” ha estado muy presente en esta década. Este fenómeno, que también afecta a otros países, se traduce en el progresivo abandono del mundo rural. Sin un futuro económico, los pueblos avanzan hacia su desaparición. ¿Cómo insuflarles nueva vida? La economía de la energía renovable, junto con nuevas formas de turismo y de agricultura, podría ser una de las maneras más eficaces de regenerar ese tejido social.

 

Si una imagen vale más que mil palabras, un dato a veces también: en los años cincuenta del siglo XX, Logrosán contaba con más de seis mil habitantes. Hoy su población apenas llega a dos mil personas. Sin embargo, esas personas y el entorno que habitan podrían guardar un gran potencial para una nueva economía.

 

En esta localidad se ha levantado una planta de biomasa forestal que generará más de 900 empleos directos e indirectos, incluyendo a quienes recogen la materia prima en los bosques y a los que trabajan a diario en ella produciendo energía.

 

A su vez, se beneficiará a los propietarios de las zonas forestales colindantes, quienes, además de disfrutar de bosques mejor mantenidos, percibirán una compensación económica por la biomasa retirada. 

Ahí es donde entran en juego los “bomberos” de la biomasa. Esas doscientas personas que cada semana salen al monte y retiran el superávit de masa forestal, sin dañar al resto de la flora, para destinarlos a la producción de energía limpia. Se estima que el coste de prevenir un incendio es diez veces inferior al de apagarlo."

Una materia prima renovable

La biomasa aprovecha el exceso de madera y arbustos de los bosques sin perjudicar su crecimiento. 

El cuidado de los montes

Las labores de recogida redundan en bosques protegidos frente a incendios.

Los “bomberos” de la biomasa

Cada uno de los 200 responsables de recoger la materia forestal es una especie de bombero preventivo.

La planta de biomasa

Esta planta genera energía limpia suficiente para abastecer a más de 73.000 personas.

Un ejemplo de economía circular

Las cenizas pueden usarse para producir fertilizantes o materiales de construcción con menor huella de carbono.

Sin prácticas de pastoreo y en años en los que se combinan grandes precipitaciones con veranos calurosos, los bosques son fácilmente pasto de las llamas. Solo en 2025, los incendios forestales arrasaron más de un millón de hectáreas en la Unión Europea, según los datos de EFFIS. La combinación de temperaturas elevadas y masas boscosas ha derivado en los llamados incendios forestales de sexta generación. Se trata de verdaderos tornados de fuego que en algunos casos ya no se pueden extinguir de forma exógena.

 

Ahí es donde entran en juego los “bomberos” de la biomasa. Esas doscientas personas que cada semana salen al monte y retiran el superávit de masa forestal, sin dañar al resto de la flora, para destinarlos a la producción de energía limpia. Se estima que el coste de prevenir un incendio es diez veces inferior al de apagarlo.

 

Pues bien, además de producir energía, el trabajo que hacen al despejar los bosques contribuye precisamente a eso. Por suerte, las masas boscosas de Europa van en aumento, pero harán falta muchas manos como las suyas para que todos esos bosques se mantengan en condiciones óptimas.  

La planta no solo genera energía renovable, sino que también puede operar con independencia de las condiciones meteorológicas y de la hora del día. De este modo, proporciona una fuente de energía constante y estable que contribuye al equilibrio del sistema eléctrico. Y es que la biomasa tiene una cualidad singular dentro del mix energético: ofrece una generación eléctrica firme, estable y gestionable, capaz de complementar otras fuentes renovables como la solar y la eólica, al tiempo que aprovecha recursos locales y aporta independencia energética.

En otras palabras, proporciona continuidad sin renunciar a la sostenibilidad. Paralelamente, el uso de esta energía renovable en Logrosán evitará emisiones equivalentes al efecto que tiene el Parque Nacional de Monfragüe, multiplicado por cuatro. En cuanto al proceso de combustión necesario, será neutro en la generación de CO2 atmosférico, ya que se emite lo mismo que la biomasa capta en su ciclo vegetativo. Asimismo, la planta usará filtros y otros sistemas para evitar que partículas y otras emisiones lleguen a la atmósfera.

 

INFOGRAFÍA. Descubre el viaje de la biomasa

 

La biomasa tiene una cualidad singular dentro del mix energético: ofrece una generación eléctrica firme, estable y gestionable, capaz de complementar otras fuentes renovables como la solar y la eólica, al tiempo que aprovecha recursos locales y aporta independencia energética.

Pero el viaje de la biomasa no ha concluido aún. Las cenizas producidas en el proceso pueden aprovecharse de diversas maneras: desde su uso como materia prima de materiales de construcción, como el hormigón bajo en carbono, hasta su empleo en la producción de fertilizantes ricos en fósforo y potasio. Estamos, así, ante uno de los ejemplos más avanzados de economía circular de residuo cero: cuidado del medio ambiente, generación de energía renovable y aprovechamiento de residuos en un solo ciclo.

A este aprovechamiento de las cenizas se suma otra posibilidad: la valorización del CO₂ biogénico generado en las plantas de biomasa. A diferencia del carbono de origen fósil, este CO₂ procede de materia orgánica que previamente lo había captado de la atmósfera durante su crecimiento. ACCIONA Energía ya estudia distintas iniciativas para capturar y acondicionar este CO₂ y combinarlo con hidrógeno renovable, con el objetivo de darle una nueva utilidad en la producción de combustibles sintéticos como el e-metanol.

Hace milenios las tribus amazónicas fueron capaces de domesticar la selva para garantizar su sustento desde el respeto a la tierra. Hoy, aunque la tecnología y la técnica nos separen de sus prácticas, cada vez que las cuadrillas de la biomasa salen a pastorear los montes recuperamos algo de esa filosofía.

Porque, en el fondo, no se trata tanto de intervenir en un ecosistema como de formar parte de él de manera responsable, de entender el papel que el ser humano puede desempeñar en su sostenibilidad ecológica y económica. En este sentido, la biomasa forestal se presenta como una de las vías más eficaces para forjar una alianza duradera con la naturaleza en este siglo.